La profesionalidad y la vocación de servicio público. Este trabajo no solo transforma vidas, sino que también construye una sociedad más inclusiva y justa.
No obstante, la realidad actual está poniendo al límite tanto a los equipos profesionales como a la sostenibilidad de los centros. Las carencias estructurales que sufrimos tienen consecuencias directas y profundas:
- Calidad de la atención educativa y terapéutica, comprometida por la falta de recursos.
- Tiempo de acompañamiento individualizado, reducido por la sobrecarga laboral y la falta de personal.
- Seguridad y bienestar emocional del alumnado, afectados por la falta de estabilidad y apoyo continuado.
- Salud física y emocional de los profesionales, que trabajan en condiciones cada vez más exigentes sin los recursos necesarios.
Ante este escenario, las reivindicaciones del sector son claras y urgentes. Hoy queremos destacar dos demandas prioritarias que, de resolverse, marcarían un antes y un después:
Actualización del decreto de ratios: Es necesario adaptar las ratios de alumnado por profesional a la realidad de las necesidades educativas complejas. Mantener las ratios actuales significa condenar a los centros a una atención insuficiente e insostenible.
Ampliación de los perfiles profesionales en los centros: Es imprescindible incorporar nuevos perfiles —como psicólogos, terapeutas ocupacionales, logopedas o trabajadores sociales— para dar respuesta a la multidimensionalidad de las necesidades del alumnado.
Para garantizar una atención de calidad a las personas más vulnerables, se necesitan recursos, reconocimiento y compromisos concretos. No hablamos solo de cifras o normativas: hablamos de derechos, de futuro y de dignidad.
Desde la Fundació Estimia y nuestro centro, hacemos un llamamiento a la sociedad para que tome conciencia de que invertir en estos recursos no es un gasto, sino una inversión en equidad, en bienestar y en nuestro modelo de convivencia.